
Testimonio« Cuando el soja avanza, la vida da paso atrás »«Nayax indígena Bolivian markankiritwa; phesqha tunka phesqhani maranitwa; jichhax Chukiyawun jakasta», que en español sería "soy un indígena boliviano; tengo cincuenta y cinco años; actualmente vivo en La Paz". Mi historia empieza en Arroma, una pequeña aldea situada a 150 km de la capital boliviana. Es allí donde nací y donde crecí hasta la edad de nueve años. En este momento, mis padres decidieron salir a vivir a La Paz porque no podíamos vivir decentemente del solo cultivo de las papas. Porque las papas? Porque nada más crece a 3 800 metros de altura ! Así viví durante quince años en la ciudad, sin tener muchos contactos con la tierra. A partir de la adolescencia, empezé a forjar mis convicciones políticas, hasta el punto de preguntarme si tenía que comprometerme con los movimientos de la izquierda obrera boliviana. Y luego, teniendo 25 años, sentí un fuerte sentimiento de identificación. Me dijé que era un Indio. Tuvé ganas de regresar a mis tierras y de vivir en el seno de mi comunidad. Por lo menos, por parte. A partir de este momento, compartí en efecto mi vida entre el cultivo de las papas y los viajes. Quería vivir de la tierra, pero también ayudar a mis hermanos de las otras comunidades indígenas participando a proyectos de desarrollo rural, como el acceso al agua potable o la introducción de cultivos adaptados al altiplano. Para mí, era sobre todo la oportunidad de enriquecer mi experiencia y de tener una visión más global de los problemas. Es por lo tanto por las mismas razones que a los 40 años, quisé ir al encuentro de los indígenas que vivían en la parte amazónica de Bolivia. En 1994, mucho antes de colaborar con el programa NINA, empezé a trabajar con ONG danesas y holandesas, sobre todo en lo que concierne los problemas de deforestación que conoce esta región. Es en este momento que tomé verdaderamente conciencia del problema del soja. Me acuerdo pues muy netamente de mi primera experiencia en esta materia : era en un pequeño pueblo con nombre Païlon, situado en la provincia de Santa Cruz. Había aprendido un poco por azar que esta zona había sido abierta a la producción de soja gracias a los financiamientos del Banco Mundial. Y me acuerdo claramente que cuando llegué al lugar, me quedé estupefacto. Pues donde yo pensaba encontrar un bosque, sólo descubrí un espacio inmenso cubierto de soja. Hay que saber que en veinte años, las superficies cultivadas en soja en la parte amazónica de Bolivia pasaron de 30 000 a 500 000 hectáreas ! Es decir una cantidad de reservas de caza y de pesca definitivamente perdidas para los indígenas, a pesar de la ley de 1996 que preve normalmente restituir las tierras a las comunidades indígenas. En efecto, en Bolivia, la realidad es tremenda : cada vez que las plantaciones de soja avanzan, la vida de los indígenas da paso atrás, porque sus recursos alimenticios disminuyen. Sin contar claro con los daños en término de contaminación, todavía imposibles de estimar. Quiero hablar de la contaminación ligada al esparcimiento de productos químicos, claro, que hizo numerosas víctimas estos últimos años, sobre todo niños. Pero también la contaminación de los suelos y del agua, porque es muy probable que los productos químicos esparcidos se infiltraron en los suelos, alcanzando en algunos lugares la capa freática. Pero de eso, claro, las grandes multinacionales que cultivan el soja no se preocupan. Porque el precio de la tierra es tan bajo, que cuando una parcela se agota, la dejan y compran otra. » |