Testimonio

AGNES VERCAUTEREN (FETRAF-SUL/CUT)

« No es la soja en si que trae problema, es su modelo de producción »

« Me llamo Agnès Vercauteren. Nací en Bélgica, pero vivo desde hace casi 30 años en el Estado del Paraná, en el sur de Brasil, donde vivo en una granja con sistema agroforestal. Trabajo para la Federación de los Trabajadores de la agricultura familiar de la región Sur (FETRAF-Sul/CUT). Mi primera confrontación con la soja tiene su origen en los años 80, cuando pequeños agricultores del Estado del Rio Grande del Sur llegaron al Paraná, empujados por hacendados a exilarse. Llegaron donde estábamos con una cierta arrogancia, queriendo enseñarnos como hacer agricultura. Teniendo en cuenta los precios moderados de la tierra, adquirieron explotaciones de 10 hasta 50 hectáreas. Era en la época de la dictadura y el discurso oficial era « Planten, el Estado garantiza todo lo demás », un periodo durante el cual se incitaba a los campesinos a lanzarse a una agricultura más mecanizada. Asistimos a un cambio total de la utilización de las tierras y de una cierta manera, al comienzo del capitalismo agrícola. En esta época, el movimiento sindical condenaba la soja, considerando que era la causa de la destrucción del mundo rural.

El segundo contacto tiene su origen en el debate que la FETRAF lanzó sobre alternativas posibles a una agricultura mecanizada y sobre todo sobre la existencia de una producción agro – ecológica. Constatamos que la soja era un cultivo que se adaptaba bien y que no llevaba demasiados problemas. Paralelamente, sentimos que el cultivo de la soja “bio” por ejemplo era muy valorizado, especialmente en Europa, y podía ser entonces considerado como una cultura importante en nuestros sistemas de producción diversificados. Algunas pequeñas granjas familiares del Paraná comenzaron así a producir a partir de 1996 – 1997 y a vender sus cosechas en Europa, sobre todo. Desde esta época, la soja “bio” se organizó entonces, excepto que hoy, el mercado está entre las manos de pocas empresas, lo que crea una fuerte dependencia, así como toda la cadena de soja. Esta constatación y la amenaza del avance de la soja transgenica nos llevó, en 2002, a lanzar un debate en el interior mismo de nuestra organización sobre este problema de fondo: para se oponerse al actual modelo dominante de desarrollo rural es particularmente importante dominar los diferentes fases de la producción y la comercialización de un producto, lo cual es un componente importante de los sistemas de producción de los agricultores familiares del sur de Brasil. Buscamos la posibilidad de crear las condiciones de un desarrollo durable y solidario.

Uno de los problemas de hoy cuando se habla de la soja orgánico y de la soja no transgenica, es la capacidad para los agricultores familiares de vivir de su producción de una manera decente. Se necesita entonces encontrar el precio justo del producto. La otra pista de reflexión concierne la transformación de la soja orgánica y soja no transgenico de la agricultura familiar. Pues, si se sabe producir, en cambio tenemos todavía que aprender a acumular valor añadido. Eso pasa por ejemplo por una promoción de la soja sustentable en favor de la población brasilera. Pero hay también otras pistas, como la del comercio solidario internacional. En lo que nos concierne, en la FETRAF, no estamos contra estas formas de comercio de la soja. En cambio, somos totalmente opuestos al actual sistema dominante de la producción en monocultivo y de la comercialización que crea tantos daños sociales, ambientales y económicos. Este combate que llevamos, es también nuestra manera de militar contra el avance de los cultivos de la soja transgenica. »