Testimonio

LUISA PIMENTEL (INCUPO)

« El soja es un veneno »

« Me llamo Luisa Pimentel de Rios. Tengo 49 años. Nací en Colonaliza, pequeña aldea situada a cien kilometros de Resistencia, en el Chaco, provincia situada en el Norte de Argentina. Es allí donde crecí y encontré mi marido, Ramon Riber Libra de Rios. Juntos, tuvimos seis niños, los dos más jovenes viviendo todavía hoy con nosotros. Después de nuestro casamiento, nos instalamos sobre las tierras de mis suegros. Allí cultivábamos algodón, pero era difícil vivir de eso. Entonces, cuando los precios se vinieron abajo, salimos a vivir a Resistencia. Allí, mi esposo encontró un trabajo de obrero metalúrgico en el puerto de Corrientes. Económicamente, claro, la vida era más fácil. Pero a Ramon no le gustaba su trabajo y sufríamos de tener que vivir en la ciudad. Vivimos en Resistencia durante nueve años, hasta el día en que mis suegros caeron enfermos. En este momento, tuvimos que regresar a Colonaliza. A la vez, éramos inquietos para nuesto porvenir, pero en el mismo tiempo contentos de quitar la ciudad.

Los dos primeros años, cultivamos de nuevo el algodón, sabiendo que no ibamos a ganarnos la vida. Pero no había nada más que hacer. Pues, es lo que pensábamos. Un día, era en 1984, nuestro vecino vino a hablarnos de su proyecto con INCUPO. Nos explicó que este organismo daba creditos a los campesinos para comprar tierra, ganado y herramientas. La única condición era agruparse por lo menos seis familias. Nosotros, ya poseíamos la tierra, pero necesitábamos claramente de todo lo demás ! Entonces, aceptamos la propuesta. Con el dinero, compramos vacas y hemos empezado a cultivar yuca, papas, remolachas, calabazas… de manera natural, sin abono químico. No se puede decir que la vida vino a ser fácil, pero por lo menos lográbamos vivir dignamente. Entendimos sobre todo que para avanzar, teníamos que unir nuestras fuerzas.

Mientras tanto, nuestro vecino, Buzo, que se encuentra del otro lado de la carretera, decidió cultivar el soja. Su manera de trabajar era totalmente distinta de la nuestra. El, escogió hacer monocultivo, utilizando muchos productos químiquos. En seguida, es verdad, empezó a ganar plata. Y era muy orgulloso. Además, cuando se encontraba con mi esposo, le decía que nosotros también, tendríamos que meternos en eso, que el soja era el futuro. Pero Ramon le respondía que de tanto producir sólo soja, iba por terminar agotar la tierra, y que un día lo echaría de menos. Y llegó. Un día, Buzo confesó que su tierra se había empobrecida bastante. Sentía haber actuado así y era preocupado para el futuro. Y si quiere parar el soja para hacer otra cosa, tendrá que esperar tres años, el tiempo necesario para que la tierra sea de nuevo fértil. Cuando veo los daños que eso produce, yo me digo que el soja es un veneno. Un veneno que avanza. »